En 1987, cuatro niños vieron algo. Cuarenta años después, algo regresó por ellos.
Después de una borrachera feroz en las dunas de Samalayuca, Arnulfo Gómez despierta junto a un niño silencioso y cubierto de polvo. No recuerda cómo llegó hasta él. Lo recoge, lo sube a su camioneta y regresa con él a su casa en Meoqui, Chihuahua.
En el pueblo todos lo miran con desconfianza. ¿De dónde sacó ese niño? Arnulfo no responde. El menor tampoco. Cuando las autoridades llegan para llevárselo y comienzan a tratarlo como sospechoso de trata, Rosaura, su expareja, actual presidenta municipal y amiga desde la infancia, interviene para sacarlo del embrollo.
A ella le puede confesar:
—No es un niño —dice Arnulfo—. Es de allá arriba. Anoche regresaron. Vi la nave en los médanos. Era la misma.
—Carajo, Arnulfo. Ahora sí ya te volviste loco.
Esta historia está basada en hechos reales. O casi. En 1987, cuatro niños de Meoqui aseguraron haber tenido varios encuentros con seres de otro planeta a quienes llamaron «los monitos», y dijeron que volverían por ellos. Esta es la historia de aquellos niños cuarenta años después: una historia de extraterrestres a ambos lados de la frontera.


